6 de noviembre de 2014

Más difícil todavía

Los que me conocéis sabéis sobradamente de mi afición por la lectura y, algunos, también, por la escritura. Hace años que dedico algún momento libre a inventar algún relato y a compartir esta actividad, realizada desde el disfrute y sin mayores pretensiones, con mis alumnos y alumnas.
Aunque la mayoría de estas "creaciones" son breves relatos -como alguno de los que podéis haber llegado a conocer a través de este blog- hace años, escribí esta historia (más larga) de la que no muchos tienen conocimiento.
Ahora, me atrevo a compartirla con tod@s vosotr@s. Espero, de corazón, que os guste.


10 de agosto de 2014

Bienvenidos

Ayer llegaron a su nueva casa Polo y Kira.
Costó un poquito meterles en el coche, pero después, se portaron genial durante todo el viaje desde Fornelos de Montes.
Al principio, un poco despistados y temerosos; pero pronto comenzaron a hacer suyo el nuevo entorno.
Toda la familia está encantada con la parejita de hermanos mastines que vivirán con nosotros a partir de ahora. Les daremos todo el cariño que, sabemos, ellos nos devolverán multipilcado por mil.

POLO, KIRA, bienvenidos a casa.

27 de julio de 2014

Procesión del Carmen

En mi tierra, con mi gente y celebrando un día tan importante como el de la Patrona, Virgen del Carmen. El momento de la procesión por mar, hermoso y emotivo como siempre.No, cada año, mucho más.
Después, reunión y comida familiar. ¿Qué más se puede pedir?


16 de julio de 2014

Recomendable para tod@s

Con el final del curso, algun@s alumn@s tuvieron el cariñoso detalle de regalarme un libro (entre otras cosas). El caso del que nos ocupa, del que había oído y leído buenas referencias, era uno de los que tenía en mente leer en cualquier momento. Y ya lo he hecho; en pocos días.
La verdad es que tengo que decir que es un texto muy recomendable para alumn@s, padres y profesores. Una de esas historias conmovedoras de las que tod@s deberíamos aprender. Y es que August nos da una "gran lección".
Ése es precisamente el título con el que se ha editado en España ("La lección de August"); aunque el original es "Wonder".
Tras haber nacido con una rara enfermedad que ha deformado su rostro, con problemas en la mándíbula, en la lengua y con una importante pérdida de oído, August ha pasado sus primeros diez años de vida en hospitales, pasando por los quirófanos en innumerables ocasiones y con mil y un cuidados por parte de sus padres durante largos días y largas noches. Auggie se ha tenido que acostumbrar a las miradas y comentarios de la gente; por eso camina siempre mirando al suelo y se cubre los ojos con el pelo. Incluso sale a la calle con un casco de astronauta para que nadie pueda ver su rostro desfigurado.
Pero, ahora, a sus diez años, parece que está un poco mejor y deciden que, por primera vez, acuda al colegio. Allí, August descubrirá que la actitud y los comentarios de algunas personas pueden ser, incluso, más duros que la propia enfermedad. Ahí comienzan la lección, "La lección de August".  Un libro recomendable para tod@s.
Podríamos extraer varias frases o pasajes; pero permitidme que me quede con una que el Director del Colegio Beecher pronuncia el día de la graduación: "Intentad siempre ser más amables de lo necesario."
Muchas gracias, Carolina

23 de agosto de 2013

¡Cumpleaños feliz!

Primer equipo del Celta, 1923
Nuestro Celta se hace mayor, nonagenario, nada más y nada menos. Efectivamente, tal día como hoy, de hace noventa años, el Fortuna y el Real Vigo Sporting se fusionaban creando un nuevo club, el Real Club Celta de Vigo, para representar a la ciudad olívica; pero, también, a Galicia, con sus colores, y a la historia de nuestra tierra, con su nombre. 

Tras una temporada de tremendo sufrimiento, celebramos este 90 aniversario en la máxima categoría de la mejor liga del mundo. Ojalá nuestro Celta nos dé muchas alegrías.



¡Felicidades, Celtistas

7 de agosto de 2013

Maldito karma

Primera novela del escritor alemán David Safier.
Una historia sencilla, sin grandes pretensiones; pero, a la vez, sumamente original, ágil, fresca y, en muchas ocasiones, también divertida.
Aunque puede encerrar un mensaje más profundo sobre el sentido de la vida, recomendable solo como una amena lectura, para pasar un buen rato; no le exijáis mucho más.

25 de julio de 2013

Dolor, tristeza y solidaridad

25 de julio, Día de Galicia y día de profundo dolor. La tragedia ocurrida en Santiago tiñe de luto a la capital gallega, a toda Galicia y a España entera.
78 víctimas mortales (por el momento), 140 heridos...
Un tren y una línea que yo mismo he utilizado en alguna ocasión, un viaje que mi propia mujer realizó hace menos de un mes, la que mi hijo recorre con bastante asiduidad. En definitiva, una referencia próxima, un lugar cercano, un dolor que se puede hacer propio y un sentimiento de profunda tristeza y de absoluta solidaridad con las víctimas y familiares.


Con todo mi cariño, con todo mi pesar...

2 de junio de 2013

Sí se pudo

Un cuatro por ciento de posibilidades de salvación... El Celta está descendido... Éstas eran las frases y los comentarios que, continuamente, los celtistas tuvimos que escuchar en las últimas semanas. Y, sí, todos éramos bastante pesimistas y es que la situación no era la más propicia para ser lo contrario.
Pero, si algo tenemos los celtistas, es que estamos muy acostumbrados a sufrir y que disfrutamos intensamente las alegrías que nuestras humildes aspiraciones nos pueden regalar: una permanencia. Por eso, nos negábamos a rendirnos mientras las matemáticas no nos condenaran a Segunda División.
Y, ahora, ahí está, ¡conseguido! El año que viene volveremos a jugar con los mejores.
Y sobre lo vivido ayer en Balaídos, ¿qué decir? ¿Se puede sufrir más? ¿Se puede disfrutar más? Eso lo resume todo. Pero, ¡qué hermoso es mirar hacia cualquier parte y ver a cualquier desconocido que te dirige una mirada solidaria, porque sabe exactamente lo que estás pasando, y tú, por supuesto, lo que está sufriendo él! ¿Y esos abrazos a todo el mundo, a gente que no habías visto en tu vida, pero llevaba puesta una camiseta, una bufanda o una gorra de color celeste? ¡Indescriptible! Hay que amar mucho al fútbol y al Celtiña para entenderlo.
Celtistas, enhorabuena, ¡SEGUIMOS EN PRIMERA!

¡Hala Celta!



25 de febrero de 2013

El guardián entre el centeno


Es muy curioso lo que me ocurre con este libro. No es el primero que leo en más de una ocasión, pero sí es la primera vez que transcurre tanto tiempo y que la lectura se realiza en condiciones tan diferentes. Hace ya la friolera de treinta años que leí la historia de Holden Caulfield y su dramática situación, y fue, además, en lengua inglesa ("The catcher in the rye"). Sí, una de esas lecturas "obligatorias" de estudiante. Y he de reconocer que, en su momento, no lo disfruté demasiado; pero, también es cierto que algo de él quedó como "pendiente" y siempre tuve en mente volver a leerlo.
Controvertido donde los haya, ya con respecto al título y a su traducción al castellano, el libro de J.D. Salinger trata diversos temas delicados en torno a la adolescencia y la juventud.
Para adultos, bastante recomendable; para educadores, de un modo especial.

11 de enero de 2013

A RAPA-ZA DAS BESTAS

Son as mulleres moi diferentes dos homes? Poden facer as mesmas cousas? Son quen de realizaren traballos tradicionalmente relacionados con eles? É evidente que se trata dun tema moi controvertido sobre o que se poderían abrir mil debates.
Reflexionando ao respecto, ocorrésume esta historia ambientada en Galicia e nunha das tradicións seculares de maior arraigamento: a rapa das bestas. Oxalá vos guste.


A RAPA-ZA DAS BESTAS


            -Díxenche que non, Tania! Non me quero enfadar!
-Pero, papá, eu…
-Nin ti, nin nada! Iso non é para mulleres e acabouse. Serías ti a primeira que…
-E que ten iso de malo? Tamén Marie Curie foi a primeira muller que…
-Non fagas comparacións absurdas! Por cada muller que ti menciones, podo dicir eu cen homes. Ademais, ela non se xogaba a vida no seu.
-Si, si o facía! O seu traballo provocoulle a enfermidade. E tamén houbo unha primeira muller que subiu ao Everest, unha que viaxou ao espazo, a que…
-É moi diferente!! Nós estamos a falar doutra cousa. Algo que…. algo coma…; coma unha guerra! Si, iso mesmo. É algo parecido a unha batalla na que hai que ter forza, aguante, habilidade; e sobre todo, valor, moito valor.
-E eses son atributos exclusivos dos homes?
-Pois si! Do mesmo xeito que eu non podo parir, unha muller non pode…
-E por que non? Traer un neno ao mundo é algo natural que non se pode cambiar. Pero esoutras cousas son costumes doutros tempos que os propios homes nos quixeron impoñer. Non houbo tamén na historia mulleres que loitaron nas guerras e demostraron ter moito máis valor cós propios homes? Que me dis de Agustina de Aragón?
-Boh, non me veñas con historias!
-Non, historias non, papá; Historia! A pura realidade! E María Pita, eh? Galega, coma min! Cantas veces me tes falado dela todo cheo e gabándote de que a túa avoa tamén era coruñesa? Nin os ingleses, por moi machos que foran, puideron con ela. –Tania comezaba a falar rápido e en voz alta, mentres seu pai facía xestos ostensibles de que a súa paciencia estaba a piques de se esgotar-. Ademais, esta festa existe grazas a dúas mulleres que hai séculos…
-Si, e agora vai resultar que Carapuchiña comeu o lobo!, non si? –interrompeu seu pai irónico.
-Déixate de bromas, papá! Non te fagas o simpático…
-Eu non estou de broma! E abonda xa! –berrou enfadado, petando na mesa coa palma da man-. Dixen que non vas, e non vas! E… deixemos o conto como está!

Anxo Lores non era un pai demasiado intransixente para as demais cousas; pero non podía entender as intencións da súa filla de participar na Rapa, no medio daquelas bestas, onde sempre houbera homes, e nada máis que homes…! Para alguén da súa idade e costumes, aquilo resultaba incomprensible. Por iso, tras erguer a voz daquel xeito, levantouse da mesa e marchou da casa, batendo a porta con forza tras de si.

Tania, ademais da máis nova, era a única filla da casa, despois de dous homes. Viña de cumprir dezanove anos e, aínda que non era moi alta, tiña unha forte constitución física. Por se fora pouco, o seu nervio e vitalidade facían dela unha muller que, traballando decote na terra, non tiña envexa algunha do labor de calquera home. O certo é que Tania sempre fora diferente ás outras mozas de Sabucedo. Anxo tíñase mostrado orgulloso moitas veces de que todo o mundo dixera que era igual ca el, “un cadriño de seu pai”. No físico, no carácter teimudo, na capacidade de traballo… Ata o nome que escollera para ela parecía terlle escrito o destino caprichosamente de antemán: Tania (=Fiel ao pai). Pero, agora, Anxo comezaba a advertir que a súa filla tamén quería ser coma el en cousas que non debía. Semellábase a el, de máis.

Cando quedaron soas na cociña, sentadas aínda na mesa, ela maila súa nai, permaneceron un tempo en silencio. Por fin, a rapaza recuperou a conversa:

-Non é xusto, non é nada xusto –laiábase.
-Tania, filla, debes entender a teu pai –contestou súa nai-. El é un home doutro tempo, apegado ás tradicións, e o que ti lle estás a pedir…
-Pero non ten tanto problema cando me pide que traballe na terra a cotío e faga os mesmo labores que meus irmáns e todos os demais homes –berrou Tania-. Para iso, as tradicións non fan diferenzas entre os homes e as mulleres, verdade?
-Iso é diferente, muller –insistía a nai. Ergueuse da mesa e comezou a recoller os pratos-. Nós temos que traballar todos moi duro para saírmos adiante, e é normal que ti nos axudes. 
-Si, claro. Para iso, si –dixo a rapaza entre dentes-. E tamén podo ir ao monte visitar as bestas, coidar das crías que enferman, enterrar as que comen os lobos. Pero, participar na festa…? Iso si que non. Como nacín muller…
-Xa coñeces o dito –engadiu a nai, mentres abría a billa da auga no vertedoiro-: “O home é un animal de costumes.”
-Si, o home, si –exclamou Tania, poñéndose en pé e levando considerablemente o seu ton de voz-. Pero coido que a muller, non!

Tania deu por rematada a charla e tamén saíu da casa, visiblemente desgustada.

Esa noite, a rapaza a penas puido conciliar o sono. Debatíase continuamente entre facer o que sempre soñara, ou acatar as ordes de seu pai. Por unha banda, pensaba que ela era maior de idade e podía… Pola contra, imaxinar o desgusto que lles daría… Incluso o asunto do nome se converteu nunha auténtica obsesión que batía unha e outra vez na súa mente:Tania, Tania, Tania… “Fiel a seu pai”. A decisión era ben complicada.

* * *
Xa de madrugada, Anxo Lores ergueuse moi cedo e dirixiuse ao cuarto dos seus fillos, Lois e Paco. Como era de agardar, xa marcharan. A esa hora, debían andar polo monte, ás ordes do bestilleiro, para proceder á baixa dos animais. Seguidamente, achegouse ao cuarto de Tania e, tras dubidar un intre, petou na porta. Ninguén contestou. Volveu chamar pronunciando o nome da rapaza en voz baixa. Máis silencio. As súas sospeitas parecían confirmarse. Por fin, atreveuse a abrir a porta.  
            -Anxo! –Era a súa muller que o chamaba, aínda dende a cama-. Anxo, non vas ao monte?
O seu home abeirou de novo o cuarto e, a carón da porta, con voz e xesto aflixidos, contestou:
            -Tania vai na Rapa.
* * *
Aquela mañá de principios de xullo presentárase radiante. O sol relucía nun espléndido ceo azul e, dende moi cedo, a calor comezara a adquirir protagonismo. Preto do mediodía, o curro de cachotes e argamasa construído no século XVIII a carón da igrexa, presentaba un marabilloso aspecto. As bancadas de pedra estaban ateigadas de xentes da vila e visitantes que, cada ano en  maior número, eran atraídos polo espectáculo.

Entre o público, atopábase Tania. Aínda que se ergueu cedo por non aturar máis voltas na cama, decidira, no derradeiro momento, non desobedecer a seu pai e conformarse con presenciar a Rapa dende fóra.

De súpeto, a multitude comezou a berrar enfervorizada vendo chegar, monte abaixo, ducias e ducias de cabalos conducidos polos mozos cara ao curro. O bestilleiro, diante, dirixindo o grupo, daba as ordes con gritos guerreiros para que homes e bestas seguiran os seus sinais.

Pouco despois, o interior do recinto empedrado convertíase nun auténtico fervedoiro de persoas e animais pelexando entre si. Os aloitadores, de diferentes idades pero todos homes, trataban de montar e inmobilizar os cabalos para cortar as súas crinas; e as bestas, asustadas, remexíanse, erguíanse sobre as patas traseiras, couceaban e rinchaban sen parar.

Tania ollaba o que estaba a pasar alí abaixo moi atenta e con gran excitación; pero, tamén, cun terrible sentimento de envexa que a consumía por dentro. Á súa esquerda, descubriu a seus irmáns. Paco, o máis novo dos dous, despois dunha curta carreiriña, pegou un salto e sentou no lombo dunha das bestas agarrando con forza a súa crina. O animal, intimidado, buscou protección no groso da manda mentres tentaba tirar a Paco. Inmediatamente, un rapaz que levaba un pano branco anoado á cabeza agarrou con forza o pescozo do animal para reducilo. Lois, o outro irmán de Tania, cun ancho cinto de coiro moi cinguido por riba do pantalón, agarrou o cabalo polo rabo e comezou a tirar con forza cara a un lado para derrubalo. Súa irmá dedicáballes berros de ánimo dende arriba. Paco baixou ao chan de novo e suxeitou a besta polo outro lado do pescozo, mentres esta forcexaba desesperada. Pero, de súpeto, o animal comezou a dar voltas sobre si mesmo e os tres rapaces atopaban moitas dificultades para controlalo. Nun movemento brusco coa cabeza cara atrás, o cabalo perdeu o equilibrio e caeu contra o muro de pedra. Tania púxose en pé e lanzou un berro de arrepío, ao decatarse de que Paco quedara atrapado entre as pedras da parede e o pesado corpo do animal. Lois e o outro rapaz tiraban con forza para levantar a besta, pero non o conseguían. Cando Lois reclamou máis axuda, Tania saltou ao interior do curro.

            -Tania! –berrou Lois, mentres seguía facendo esforzos vans por axudar a seu irmán-. Que estás a facer? E que toleaches? Sae de aquí agora mesmo! Taniaaa!!!

* * *

Cando Anxo Lores recibiu a noticia de que Paco e Tania foran trasladados ao hospital, sentiu que todos os seus temores se fixeran realidade. El e maila súa dona colleron o coche e saíron axiña para aló.

            -Sabíao, sabíao! –dicía sen parar ao volante do seu automóbil-. Esa rapaza… Deus queira que…!
-Tranquilo, home –dicíalle a muller-. Non ha ser nada. Non corras, que imos chegar igual! E Paquiño, que lle pasaría a el?
-Por iso si que non tes que preocuparte –contestou con moita seguridade-. Eles son homes e saben coidarse. Algún golpe sen importancia, dos moitos que hai no curro. Pero ela, esa tola…! A saber o que…!

Cando chegaron ao hospital, Lois agardábaos na entrada.

-Onde a teñen? –preguntoulle o pai-. Que pasou? Como está? Vaise poñer ben? Por que lle consentiches…?

Antes de que Lois tivese tempo a responder, un médico saíu dun cuarto e dirixiuse cara a eles.

            -Son vostedes os pais?
            -Si, si -contestou Anxo Lores-. Fale, como está?
         -A verdade é que tivo sorte. Puido ser peor –contestou o médico-. De todos os xeitos, ten varias costelas fundidas e o brazo esquerdo rompido por dous sitios. Ademais, o golpe da cabeza fíxolle perder o coñecemento e terá que quedar en observación polo menos ata mañá. Haberá que facerlle unhas probas porque con este tipo de lesións debemos ser moi cautelosos. Aínda que penso que axiña se poñerá ben.
            -Gracias a Deus! –exclamou o pai-. Esta rapaza…
            -Rapaza di? –preguntou o médico estrañado-. De que rapaza me está a falar?
            -Papá, antes non me deches tempo a explicarche –interveu Lois-. O médico está a falar de Paco. Tania está ben. Unha enfermeira púxolle unha vendaxe nun nocello, nada máis. Un cabalo tripouna cando estabamos a socorrer a Paco. Agora mandeina á cafetería tomar unha tila, mentres eu agardaba por vós. Estaba un pouco nerviosa.
            -Que Tania socorreu a Paco? –dicía seu pai abraiado-. Que ela está ben?
            -Si, papá. A verdade é que foi moi valente. Cando máis problemas tiñamos, ela apareceu onda nós e afastou a Paco de debaixo do cabalo. -Lois falaba orgulloso de súa irmá, mentres seu pai non daba creto ao que estaba a escoitar-. Nin sequera se queixou cando mancou o nocello e, ata que sacaron a Paco do curro, non me dixo nada.
            -Mirade, por aí vén! -exclamou a nai.

Tania achegouse onde estaban a súa familia mailo médico, amosando unha leve coxeira e un pequeno hematoma nunha fazula.

            -Ola, papá -saudou cun tímido sorriso-. Ola a todos.

28 de octubre de 2012

El regalo más grande

Alguien muy importante en mi vida, mi querida sobrina Mary Paz, ha traído a mi familia el más grande regalo que se puede hacer: la pequeña Emma ha venido al mundo y estoy seguro de que, con ella, vendrán grandes alegrías para mí y para toda la gente que quiero. Un poco antes de lo esperado y con apenas dos kilitos de pura ternura, será la alegría que, desde hace algún tiempo, todos necesitábamos.
Que Dios la bendiga y les dé mucha salud, a ella, y a sus padres, para criarla.

¡Mary Paz, Emma, OS QUEREMOS!

14 de octubre de 2012

Desgarrador

En plena era de la tecnología y de la comunicación, son precisamente la tecnología y la incomunicación quienes han acabado con Amanda Todd. Con solo quince años y después de haber denunciado en la red que estaba siendo víctima de acoso, la joven canadiense no ha resistido más y ha puesto fin a su vida.
Había utilizado internet para denunciar su situación, después de que la propia red hubiera contribuido decisivamente a sumergirla en la profunda depresión que la condujo a este dramático final. Un error excesivamente común en nuestros días (utilizar la redes sociales para publicar fotos comprometidas) y la crueldad de quien puede utilizarlas de manera despiadada, provocaron agresiones, insultos, desprecios, etc. que acabaron, finalmente, por destruir a Amanda. "No tengo a nadie", "Necesito a alguien", eran los gritos mudos que la adolescente había lanzado como súplica. Pero fue inútil; días después de publicar estas imágenes, decidió acabar con su sufrimiento.
Por favor, padres, educadores, entre todos, ayudemos a  que los jóvenes hagan un uso responsable de la red. En ella, en ese mundo virtual casi infinito, también tiene cabida, desgraciadamente, lo peor del ser humano.

AMANDA, DESCANSA EN PAZ.

2 de septiembre de 2012

Dame tu mano

Me gustaría que leyeseis esta historia que he escrito. Habla de deporte, de esfuerzo, de superación personal, de amistad, de solidaridad; habla de amor... y de muchas cosas más. En definitiva, tal vez hable de la vida misma. 
Espero que la disfrutéis y que podáis aprender algo con su lectura. Para eso la he escrito.
LLeva por título...


DAME TU MANO


Óscar entró en el coche con ostensibles gestos de contrariedad. Se sentó, arrojó la bolsa en el asiento de atrás, y cerró dando un portazo.

    -¡Se acabó! ¡Esta vez sí que lo dejo! -gritaba encolerizado.

Su padre, mientras encendía el motor del automóvil, le miraba, buscando una frase apropiada que no acaba de encontrar. Tomó aire profundamente y, después de soltarlo, le dijo:

    -Óscar, ahora no es el mejor momento para tomar ese tipo de decisiones. Estás enfadado, decepcionado por el resultado, y no eres capaz de ver las cosas con la debida objetividad. Cálmate un poco y ya hablaremos en casa. No se acaba el mundo por perder una carrera.
    -¡No era una carrera, papá! -interrumpió el muchacho, en un tono excesivamente alto de voz e incorporándose bruscamente en su asiento-. ¡Era la carrera más importante de la temporada! Estuve entrenando meses, esforzándome mucho para hacer hoy un buen tiempo y lograr la clasificación para los campeonatos. ¡Y lo único que he conseguido es hacer el ridículo!
    -Yo creo que un cuarto puesto no es precisamente hacer el ridículo, hijo -insistía el padre en su intención de animarlo.
    -Es ridículo, cuando corro más de un segundo por encima de mi marca. Y más aún, cuando solo los tres primeros obtenían la clasificación directa -seguía gritando completamente fuera de sí-. ¿De qué me vale ser cuarto? ¡Esto no es lo mío! ¡No valgo para el atletismo! ¡Para mí, se acabó!

Óscar reclinó su asiento y se giró hacia la ventanilla, fingiendo que iba a dormir. Su padre volvió a suspirar, miró al cielo suplicando un poco de paciencia y arrancó en dirección a casa. Cuando llegaron, Óscar ni siquiera quiso hablar con su madre y se dirigió directamente a su cuarto. Pero, su manera de actuar y la decepción en el rostro de su marido, fueron más que elocuentes. Estaba claro que su hijo no había conseguido la clasificación para los Campeonatos Gallegos, por la que tanto había luchado.

Sus padres tampoco podían ocultar su desilusión. Óscar llevaba desde los ocho años practicando atletismo y, en los últimos meses, había entrenado dura e intensamente para poder estar en Santiago en el mes de mayo. Todos tenían muchas esperanzas en esos campeonatos y también ellos habían dedicado tiempo y sacrificio para traerlo y llevarlo todos los días a los entrenamientos. Pero no pudo ser.

                                                                                * * *

Al día siguiente, durante la comida, nadie se atrevía a sacar el tema. Hasta que, ya en el postre, dijo por fin la madre, con cierto recelo:

     -¿A qué hora tienes hoy el entrenamiento, hijo?
     -A ninguna -contestó él, sin levantar la mirada del yogur que se estaba tomando.
     -¿Piensas descansar, entonces? –preguntó esta vez su padre.
     -El descanso es definitivo. Ya te dije ayer que dejaba el atletismo, ¿no? -el muchacho empezaba a enfadarse un poco-. ¡Así que dejadme en paz y hablad de otra cosa!

                                                                                * * *

Los padres de Óscar intentaron de todas las maneras posibles animarlo y convencerlo para que siguiera practicando su deporte preferido desde que era niño. Pero fue inútil. Había pasado ya más de un mes desde el fatídico día de la eliminación y Óscar no había vuelto a los entrenamientos. Resultaba increíble, pero parecía algo definitivo y sus padres estaban ya resignados a aceptar su decisión.

Pero un día, por la tarde, alguien llamó a la puerta. Manuel, el padre de Óscar, fue a abrir y se encontró con un hombre que no le resultaba nada familiar.

    -Buenas tardes –saludó el visitante.
    -Buenas -contestó Manuel-. ¿Deseaba usted algo? Mire, si viene a vender…
    -¡No, no! No se preocupe -aclaró rápidamente-. Vengo por algo muy distinto. Usted es el padre de Óscar Gómez, ¿verdad?
    -Sí, así es. Pero ¿nos conocemos de algo?
    -Personalmente no; pero me han hablado mucho de su hijo y de sus excelentes cualidades para el atletismo.

Al padre de Óscar, aquella frase le sonó muy bien e hizo que aumentase su interés por aquel desconocido.

    -Pero, por favor, pase. No se quede en la puerta –se apresuró a decir.

El hombre entró hasta el salón y le sirvieron un café. Lola, la madre, se unió también a ellos. Y los tres, aprovechando que Óscar no estaba en la casa, conversaron tranquilamente.

    -Verán, mi nombre es Alfonso Castro y también tengo una hija que practica el atletismo. Se llama Aldara y corre como una auténtica gacela. Pero, es ciega de nacimiento.

A los padres de Óscar se les borró repentinamente la sonrisa de sus labios y cambiaron de expresión.

    -¡No, no se preocupen! -El Señor Castro se percató de la reacción de sus acompañantes y los tranquilizó con mucha serenidad-. A pesar de todo, ella es muy feliz, ¿saben?
    -¿Y dice usted que practica el atletismo? -preguntó Lola, recuperando el hilo de la conversación.
    -Sí, desde los ocho años.
    -Igual que Óscar -comentó ella de nuevo.
    -Pues, verán. El caso es que, como ya sabrán, en las competiciones atléticas para ciegos, debe haber un guía que corra junto a ellos. -Alfonso Castro hizo una breve pausa para acercar a su labios la taza de café y, tras beber un trago, continuó-. Desde siempre, el guía de Aldara he sido yo. También fui atleta en mis tiempos, y creo, honestamente, que no lo hacía mal. Pero ahora, veo que ella es mucho más rápida que yo y que podría hacer grandes marcas si no corriera conmigo.

Los padres de Óscar se miraron el uno a la otra, como queriendo verificar que ambos estaban comenzando a entender.

    -Entonces, ¿lo que usted nos está sugiriendo es que nuestro hijo sea…?
    -El guía de Aldara. Así es. -Alfonso se adelantó a concluir la frase que había iniciado el padre de Óscar-. He oído que su hijo quiere dejar de competir, pero si accediese a… Aldara acaba de clasificarse para los Campeonatos Gallegos y estoy seguro de que haría un buen papel si alguien como Óscar quisiera ayudarla.

En ese momento, los tres oyeron como alguien metía la llave en la cerradura de la puerta y abría. Era Óscar, que llegaba para cenar. El muchacho entró en el salón y se encontró con los tres contertulios, que habían interrumpido su conversación para fijar la vista en él.

    -Buenas tardes -dijo.
    -Hola, Óscar -contestó su padre.
    -¿Cómo estás, hijo? -preguntó su madre-. Mira éste es el señor Alfonso Castro y le gustaría hablar contigo.

Durante más de media hora, el padre de Aldara y los de Óscar conversaron con él, buscando argumentos convincentes para que aceptara su propuesta. No fue nada fácil; y de hecho, tras grandes esfuerzos, lo único que consiguieron fue que apuntara una dirección y un número de teléfono por si cambiaba de opinión.

    -Entrenamos todos los días, mañana y tarde, en las Pistas Polideportivas del Ayuntamiento -dijo Alfonso Castro cuando se despedía-. Si tú quieres, no te será difícil encontrarnos.

Esa noche, Óscar le dio mil vueltas a su cabeza. Pensó y pensó, con el objetivo de tomar la decisión acertada. Le parecía interesante la idea de ayudar a Aldara a conseguir lo que él no había podido. Pero, por otra parte, solo pensar que estaría allí por otro motivo muy diferente al que llevaba soñando durante meses... Finalmente, se quedó dormido sin tomar ninguna decisión.

                                                                              * * *

Al día siguiente, Aldara entrenaba con su padre en las Pistas Polideportivas del Ayuntamiento:

    -¡Bien hija, muy bien! -chillaba Alfonso, corriendo al lado de ella-. ¡Sigue así, campeona!

Llegaron a la meta, sujetando cada uno por un extremo, una tira de cuero de unos treinta centímetros de longitud, que servía de unión entre los dos para guiar a la muchacha. Estaban sin aliento, agotados por el esfuerzo; pero satisfechos porque, cada día, Aldara corría más rápido.

    -¿Qué tal…, papá? -preguntó ella con evidentes dificultades para hablar-. ¿Qué marca… hemos hecho?
    -¡Genial, Aldara! Has conseguido… rebajar otras… seis centésimas.
    -¡Sííííí! -exclamó entusiasmada-. Si sigo así…
    -Si sigues así, me vas a reventar, hija. Ya casi no puedo seguirte. -El  padre cambió el tono de voz y la expresión de la cara-. Tengo cuarenta y cuatro años y estas marcas… Tenemos que conseguir otro guía, Aldara.
    -Pero, papá, yo quiero correr contigo -se quejó la muchacha-. Si no estás tú a mi lado…
    -Pronto te acostumbrarás, mujer, como todos. Además, lo que tú quieres, ¿no es correr mucho y ganar?
    -Sí, pero…
    -Pero, nada. Confía en mí. Si corres con la ayuda de un guía que sea tan rápido como tú, no habrá quien te detenga.

Justo en ese instante, desde una de las gradas del estadio, alguien llamó:

    -¡Don Alfonso!

El padre de Aldara, sin recuperar del todo el aliento, giró la cabeza para mirar y una sonrisa inundó su rostro.

    -Aldara, creo que ya tienes nuevo guía.

Efectivamente, quien llamaba desde lo lejos era Óscar. El muchacho bajó hasta la pista y el padre de Aldara le presentó a su hija.

    -Hola, Aldara. Yo soy Óscar -saludó con timidez-. He oído que eres muy buena corriendo.
    -Hola, Óscar -contestó Aldara-. Dame tu mano.

 Aldara pasó la mano de Óscar por sus mejillas y dijo:

    -Tienes una mano fuerte, de deportista. Pero, a la vez, es suave y delicada. Vamos a ser muy buenos amigos.
    -Entonces, Óscar… -le dijo el padre de Aldara en tono interrogante.

El muchacho, sin pronunciar palabra, asintió con la cabeza y esbozó una sonrisa, con la satisfacción de quien sabe que acaba de tomar la decisión correcta.

                                                                           * * *

Óscar y Aldara comenzaron a entrenar duramente día tras día. No tenían tiempo que perder. Los campeonatos serían a finales del mes de mayo y contaban con escasas seis semanas para la puesta a punto. Los dos eran grandes atletas y cogieron rápidamente la forma. Los problemas fueron los normales al principio, hasta que Óscar se habituó a correr enganchado a su nueva amiga y sin poder adelantarla.

    -¡Corre a su lado, Óscar! ¡No le des tirones! -le decía siempre Alfonso-. ¡Debes dejar que sea ella quien marque el ritmo!
                                                                            * * *

Y llegó el gran día. Después de disputarse todas las pruebas de videntes, las gradas permanecieron llenas para ver la carrera de los cien metros lisos femeninos para ciegos. Había bastante alboroto. La gente, desde sus asientos, animaba a unos y a otros. Abajo, en la pista, Óscar y Aldara hacían los últimos estiramientos cerca de la línea de salida. Ella lucía una camiseta roja y azul, sobre la que destacaba, con claridad, el dorsal doscientos sesenta y cuatro. Óscar llevaba puesto, por encima de su camiseta blanca, un peto de color naranja en el que se podía leer la palabra “GUÍA”.

El juez hizo sonar el silbato que les indicaba que debían colocarse en sus puestos. Óscar y Aldara, agachados sobre la línea de salida, agarraron, uno por cada extremo, la cuerda que debía llevarlos unidos hasta la meta.

    -¡Estoy muy nerviosa, Óscar! -dijo la muchacha.
    -No debes preocuparte, Aldara -le contestó su amigo, mientras echaba un vistazo a la posición que ocupaban, entre el público, sus padres y Alfonso-. Tú eres la mejor y vas a ganar.

El pistoletazo de salida provocó un enorme revuelo en las gradas. Aldara y Óscar no habían hecho una mala salida. Pero ocupaban el segundo puesto y eso, en una carrera tan corta, no eran buenas noticias. Pasada la mitad de la prueba, consiguieron colocarse a la altura de los primeros y, en un último e impresionante esfuerzo…   

La llegada fue muy apretada. La chica que iba delante de ellos era felicitada por su guía, dándola por ganadora. Pero los jueces mantenían muchas dudas y aún no se arriesgaban a dar un resultado. Habría que recurrir al ordenador y a la foto final.

Tras unos segundos que se hicieron eternos, los altavoces proclamaron a la ganadora por un escasísimo margen. ¡Aldara era la nueva Campeona Gallega de los cien metros lisos!

En las gradas, su padre y los de Óscar daban saltos de alegría. El muchacho abrazaba a su amiga una y otra vez, mientras ella no paraba de reír y llorar al mismo tiempo.

    -¡Lo has conseguido, Aldara! ¡Eres la mejor! -gritaba Óscar emocionado- ¡Has ganado tú!
    -No, Óscar –le corrigió ella, cogiéndole la mano-. Hemos ganado… los dos.


                                                                                                                                                Pablo Nine

21 de agosto de 2012

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